Una de fantasmas.

Imagínese. Es de noche. Usted se encuentra solo o sola en su casa, sentado en la sala pensando en cualquier cosa, cuando decide pararse e ir al baño. Al levantarse del sofá, súbitamente se siente vulnerable; sea por la oscuridad, la soledad o lo que sea, siente un ligero y frío hueco en la parte baja de la espalda y nota cómo se agudiza su visión periférica.

Imagínese. Es de noche. Usted se encuentra solo o sola en su casa, sentado en la sala pensando en cualquier cosa, cuando decide pararse e ir al baño. Al levantarse del sofá, súbitamente se siente vulnerable; sea por la oscuridad, la soledad o lo que sea, siente un ligero y frío hueco en la parte baja de la espalda y nota cómo se agudiza su visión periférica.

Entonces decide aplazar su ida al baño y sentarse de nuevo; permanecer en la zona de seguridad que ha establecido alrededor del sofá, por lo menos mientras evalúa la situación y logra sentirse algo más seguro.


Pero no es así, el daño ya está hecho y la sensación de peligro sólo irá creciendo y usted lo sabe; bien sea por la silueta que jura haber visto con la esquina de su ojo izquierdo o por ese ruido en la habitación del lado, su ansiedad termina por obligarlo a hacerse el valiente — repitiéndose con falso optimismo Eso debe ser el viento, pura imaginación mía ¿Qué es lo peor que puede pasar? — y se dirige lentamente al baño, fingiendo confianza a cada paso y haciéndose que no está mirando por encima del hombro.

En el camino lo sobresalta algún brillo en algún objeto metálico, se asusta momentáneamente con una sombra y lo invade una incómoda risa nerviosa al recordar que hace un par de fines de semana vio una película que empezaba igual y no terminaba nada bien para el protagonista. Ya ha recorrido casi 3/4 del camino y se siente aliviado pero aún falta la prueba de oro: atravesar el pasillo. Tantea la pared desde la entrada buscando el interruptor sin exponerse a la oscuridad. Enciende la luz con cautela, como si esperara encontrar algo y, tras verificar que no hay peligro, continúa su camino orgulloso de su valentía y determinación. Llega al baño distraído con su confianza y cierra la puerta sin antes encender la luz. Grave error, ahora no hay distancia entre usted y la oscuridad que lo envuelve completamente y le recuerda que estaba asustado. Entonces levanta sus ojos ya algo acostumbrados a la oscuridad y ve una figura humana cuyos movimientos parecen responder a los suyos. Naturalmente se alarma, pero la sensación dura poco cuando nota que no es más que su reflejo en el espejo. Enciende la luz de todas formas.

Se devuelve a la sala de su casa por el camino que dejó iluminado; quizás deteniéndose en la cocina para buscar algo de comer e intentar prolongar un poco más la aventura. Vuelve a apagar las luces (menos la del pasillo, obviamente) y se sienta en el sofá.

No pasa nada. Ni el diablo, ni un fantasma se atreverían a interponerse entre usted y su aburrimiento. Ahora si puede asustarse.

Y ahora, ¿que se va a poner a hacer toda la noche?

Publicado el junio 26, 2009 en Otros. Añade a favoritos el enlace permanente. 3 comentarios.

  1. El silencio pesado,ese largo atontamiento de no hacer nada util y el estar hechando cometa son mas fatales que cualquier fantasma.
    Sin contar la vejez.

  2. Un relato conmovedor de las noches hechizadas en buenos aires, de un lugar que por un lado ofrece la vista de chacharita, donde están los restos de Gardel, de otro lado la vista sombría del polo continental sureño, y desde otra vista bosques de palermo, donde se entrelazan entre cuentos y leyendas, vidas apagadas por un dictadura inentendible… así es buenos aires, una ciudad que libera mitos en las mentes de personas que día a día disfrutan de las leyendas que entre tango, invierno y frio encierran la historia de la capital Argentina.

  3. ¡Excelente ambientación!
    Lejos del agite propio del día y de los distractores de los que nos rodeamos, la quietud y el silencio propios de la noche, nos ofrecen la oportunidad de confrontarnos.¿Qué puede ser más atemorizante?

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